Un diagnóstico de cáncer también pone a prueba los vínculos.

Muchas veces, los amigos quieren acompañar, pero no saben cómo hacerlo: temen decir algo inoportuno, hacer preguntas de más o no encontrar las palabras adecuadas.

Pero el acompañamiento rara vez depende de una frase perfecta.

A veces, lo más valioso es estar.

Estar para escuchar, para compartir un silencio, para acompañar a un turno médico, para ofrecer ayuda con una tarea cotidiana o simplemente para seguir presentes cuando el tratamiento se extiende y la vida parece continuar para todos los demás.

El apoyo de los amigos puede hacer que el camino se sienta menos solitario.

Sentirse acompañado, comprendido y contenido tiene un impacto real en el bienestar emocional de quienes atraviesan una enfermedad.