“Si un tratamiento tiene muchos efectos secundarios, significa que está funcionando.”
Es bastante común escuchar que si una persona tiene náuseas, cansancio, caída del cabello u otros efectos secundarios, significa que el tratamiento “está haciendo efecto”.
Pero la presencia, intensidad o ausencia de efectos secundarios no determina si un tratamiento está funcionando contra el cáncer.
Los efectos secundarios aparecen porque algunos tratamientos, además de actuar sobre las células cancerosas, pueden afectar células sanas o modificar determinados procesos del organismo.
Por ejemplo, algunos tratamientos pueden afectar células que se dividen rápidamente y eso puede producir cambios en el cabello, la mucosa del aparato digestivo o la médula ósea. La intensidad de estos efectos puede variar mucho entre personas.
Al mismo tiempo, una persona puede tener pocos o ningún efecto secundario y estar respondiendo adecuadamente al tratamiento. Tener una buena tolerancia no significa que el tratamiento sea menos efectivo.
Del mismo modo, presentar muchos efectos adversos no significa que el tumor esté respondiendo mejor.
Entonces, ¿cómo saber si un tratamiento está funcionando?
Depende del tipo de cáncer y del tratamiento, pero el equipo médico puede utilizar una combinación de evaluación clínica, análisis de laboratorio y estudios de imágenes u otras pruebas específicas para valorar la respuesta. No se puede determinar únicamente por cómo se siente la persona.
Por eso, no es necesario sufrir para que un tratamiento funcione. Si estás teniendo efectos secundarios, contáselos a tu equipo de salud. Muchos pueden prevenirse, tratarse o aliviarse, y hacerlo no significa interferir con la eficacia del tratamiento.
