El cáncer no se vive de la misma manera en todas las personas.

Aunque el diagnóstico tenga el mismo nombre, no existen dos situaciones iguales.
Por eso, los tratamientos no se aplican como una receta estándar.

Desde lo médico, influyen múltiples factores:

El tipo de tumor, su estadio, sus características biológicas y cómo se comporta en ese cuerpo en particular.

También cuentan la edad, otras enfermedades, los estudios previos y la capacidad del organismo para tolerar ciertos tratamientos.

Pero el plan no se define solo con datos clínicos: la persona también importa.

Su contexto familiar, su red de apoyo, su trabajo, sus tiempos y sus prioridades forman parte de las decisiones que se toman.

El tratamiento es algo que se piensa y se ajusta a lo largo del proceso.

A veces cambia, no porque algo haya salido mal, sino porque el cuerpo responde de una manera distinta o aparecen nuevas necesidades.

Compararse con otros pacientes suele generar angustia.

Que alguien tenga un plan diferente no significa que esté mejor o peor, sino que su situación es distinta.

Personalizar el tratamiento no es una excepción. Es una forma de cuidado.

Cada plan busca ser el más adecuado para esa persona, en ese momento de su vida.