Recibir un diagnóstico de cáncer es una experiencia que transforma la vida en múltiples niveles: físico, emocional, social y existencial.

Desde el primer momento, es común sentirse abrumado por una mezcla de emociones intensas y muchas veces contradictorias:

  • Shock y negación, porque cuesta creer que esto esté pasando.

  • Miedo al futuro, a lo desconocido, a la enfermedad y a la muerte.

  • Tristeza profunda por las pérdidas que se anticipan.

  • Ira y frustración ante la injusticia de la situación.

  • Confusión ante la cantidad de información nueva y decisiones que se deben tomar.

  • Ansiedad que puede alterar el sueño, el apetito y el ánimo.

Estas reacciones no solo son normales, sino que forman parte del proceso humano de adaptación ante una noticia que sacude todos los planes y certezas.

 La salud emocional en esta etapa es clave para poder transitar el camino con mayor resiliencia y fuerza.

Buscar un espacio donde poder expresar dudas, temores y esperanzas sin ser juzgado es fundamental.

Contar con un acompañamiento profesional —como el de un psicooncólogo— y una red de apoyo cercana puede marcar una gran diferencia.

No es necesario “ser fuerte” todo el tiempo ni ocultar lo que se siente.
Permitir sentir y mostrar vulnerabilidad es parte del proceso de sanación.

Además, la comunicación abierta con el equipo médico ayuda a reducir la incertidumbre y empoderar al paciente para tomar decisiones informadas.

Si vos o alguien que conocés está transitando esta etapa, recordá que no están solos.

Pedir ayuda y acompañamiento
es un acto de coraje y cuidado.

Estamos para acompañarte
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