
Recibir un diagnóstico de cáncer es una experiencia que transforma la vida en múltiples niveles: físico, emocional, social y existencial.
Desde el primer momento, es común sentirse abrumado por una mezcla de emociones intensas y muchas veces contradictorias:
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Shock y negación, porque cuesta creer que esto esté pasando.
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Miedo al futuro, a lo desconocido, a la enfermedad y a la muerte.
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Tristeza profunda por las pérdidas que se anticipan.
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Ira y frustración ante la injusticia de la situación.
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Confusión ante la cantidad de información nueva y decisiones que se deben tomar.
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Ansiedad que puede alterar el sueño, el apetito y el ánimo.
Estas reacciones no solo son normales, sino que forman parte del proceso humano de adaptación ante una noticia que sacude todos los planes y certezas.
La salud emocional en esta etapa es clave para poder transitar el camino con mayor resiliencia y fuerza.
Buscar un espacio donde poder expresar dudas, temores y esperanzas sin ser juzgado es fundamental.
Contar con un acompañamiento profesional —como el de un psicooncólogo— y una red de apoyo cercana puede marcar una gran diferencia.
No es necesario “ser fuerte” todo el tiempo ni ocultar lo que se siente.
Permitir sentir y mostrar vulnerabilidad es parte del proceso de sanación.
Además, la comunicación abierta con el equipo médico ayuda a reducir la incertidumbre y empoderar al paciente para tomar decisiones informadas.
Si vos o alguien que conocés está transitando esta etapa, recordá que no están solos.
Pedir ayuda y acompañamiento es un acto de coraje y cuidado.
Estamos para acompañarte.