
En el camino del cáncer, muchas veces se escucha:
“Tenés que ser fuerte” o “Poné buena cara”.
Pero la verdad es que sentir miedo, tristeza, enojo o incertidumbre no es un signo de debilidad.
Es parte de ser humano.
La actitud positiva puede ayudar, sí.
Pero no es la única ni la obligatoria.
Y, sobre todo, no debería ser una carga que sume culpa o frustración.
La salud emocional es compleja y cambiante.
Y atravesar un diagnóstico y tratamiento oncológico implica aceptar todas las emociones, sin juzgarlas.
Es importante poder acompañar sin exigir “ser fuerte”, sino reconociendo que está bien sentirse vulnerable.