Ágata

¡Gracias a Dios, médicos, psicólogas,
amigos y Maya por mi nueva vida!

Pronto cumpliré setenta años. Con estas décadas encima, comprendí que las tormentas en nuestras vidas no existen en vano: inician, actúan y terminan; luego repasamos sus huellas. Paro un momento, miro alrededor y veo hacia atrás: el último año y medio es suficiente. Soy una superviviente que canta: “Cambia, todo cambia… / y así como todo cambia / que yo cambie no es extraño…” (M. Sosa).

Mi último control ginecológico fue en 2014, con un BIRADS mamario 1; el médico ginecólogo del momento, gineco desde ahora, dijo parecés una adolescente.  Me relajé, saturé de trabajo y olvidé volver al año siguiente. Trabajos habituales, nuevo libro, mudanza, operación de tiroides, mucho estrés, demasiado estrés y, aun así, disfrutaba lo que hacía, como siempre.

A los tres años, entre esa maraña de tareas, tuve un hueco que llené con nuevos controles ginecológicos. El 27 de octubre de 2017 comenzó la última etapa de mi vida, cuando otra gineco dijo: Sra., usted tiene cáncer, y siguió, vamos a hacer… ¡Sabrá Dios lo que dijo, yo no! Agradecí su sinceridad por educación, saludé, y huí. A esta médica, nueva porque nunca duré mucho con los gineco, la elegí sólo porque es fácil estacionar frente a su consultorio. Sucedió un viernes tipo 20 horas; inmediatamente supe que no encontraría a nadie competente con quien charlar mi nuevo estado: tengo cáncer…, cuadrante superior interno del seno izquierdo, 15 mm de diámetro…, BIRADS 5, según la mamografía.  No recuerdo cómo ni cuándo volví a mi departamento donde esperaba Maya, mi gata. Ella supo de inmediato que algo había cambiado; me tiré en nuestra cama, ella también. Entre mimos, mi cabeza se transformó en una máquina de generar situaciones posibles por vivir, imaginables, inimaginables, mi gata, amigos, médicos, muerte, cremación; un enredo brutal de personas, prejuicios, emociones, sentimientos, entre tantos otros. Hablaba sólo con ella, mientras la ansiedad crecía…. Comencé a ordenar mi cabeza o se ordenó sola. Apareció la supuesta pregunta clásica en estos casos ¿por qué a mí?, la neutralicé de inmediato con ¿por qué no a mi? ¿Acaso tengo algún privilegio? No podía ser tan soberbia y pensar que el cáncer elige sólo a otros. Tema terminado, decreté, ¡yo tengo cáncer! Lo que aceptas te transforma….

o sabía si esto irrumpió en mi vida para quedarse, o sólo pasó a sonreír e irse ¿Qué haría con él? ¿Qué haríamos Maya y yo con este extraño, un tercero desconocido y no invitado? Luego de palparlo y notar que me picaba, ¡sentía a ese bicho!, con mi gatuchi decidimos darle entidad por medio de un nombre; la mayoría de mis cosas cotidianas lo tienen. Tiempo atrás vimos en el Teatro Colón un espectáculo llamado Las Elegidas. Lo recordé y opté llamar a mi tumor: Deselegido. Pensé que darle sólo un apodo era suficiente, luego evaluaríamos si era merecedor de nombre completo. Puse a trabajar a mi mente, esa vagoneta. Le dije a Deselegido que lo denunciaría por entrar sin respetar intimidad alguna; no me creyó ni lo denuncié. Comenzamos a charlar mientras mi gata chillaba poseída por los celos. Calmado el nuevo trío: Maya  – Deselegido – yo, nos quedamos profundamente dormidos, entremezclados.

Al día siguiente, sábado en la mañana, hablé con mi querida ex psicoterapeuta, desde ahora ExPSI, y le conté la aparición de Deselegido. Para contextualizar, señalo que hice terapia con ella entre 8 a 10 años: provengo de una familia de psicópatas donde jamás fui querida, no me enseñaron ni aprendí a querer; pasé por dos etapas fundamentales en mi vida y las superé bastante. Familia que se reproduce y testifico que cada nueva generación se perfecciona más en esta condición. No me suicidé, no lo intenté, sí lo pensé. Siempre fue y es una familia ausente, en esos momentos y próximos también. Soy sola, sin hijos; el único pilar cotidiano es mi gata; nos une un espanto inicial, ambas maltratadas y carecientes de infancia feliz. Reconozco que por esta terapia poseo herramientas para encarar situaciones difíciles, pero ¡todas son tan diferentes…!  Para mi ExPSI soy uno de sus mayores logros, según suele contarme; ahora amiga a quien recurro cuando la necesito ¡Soy mala amiga!, lo sé. Me recomendó dos médicos especialistas en cáncer de mama en esta ciudad. Uno, para mí un insoportable viejo verde que deseché en el acto; al otro no lo conocía, era compañero de ella en el mayor hospital de esta región, dato más que suficiente. Recién podría verlo el lunes en la siesta y era sábado en la mañana…. También tuve la compañía de un excelente médico psiquiatra, PQ, muy contenedor y alentador; tiempo atrás, me indicó un tratamiento antidepresivo que sumó al ansiolítico. Salí a caminar medio atontada, ¡siempre a caminar!, y sentí conmigo a Deselegido, ¡un chupasangre! Supuse que debería elegir entre seguir con él por el resto de mi vida, palpándolo, viéndolo crecer y crecer, devorándome poco a poco, o abortarlo inmediatamente ¿Coleccionaría tumores como las piedras que encuentro en todas partes y son bellísimas?, ahí están, inertes en frascos y más frascos y otros frascos.

Nos sentamos en un espacio verde protegido del sol, corría una suave brisa. Apareció un tema que antes negaba aceptar como parte de mi vida: reconocí mi finitud, ¡mi ser finito!, y la dualidad vida y muerte. Repasé un nutrido repertorio de muertes: padres, amigos, conocidos, algo desconocidos, famosos y no famosos Volvieron las preguntas, supongo también clásicas ¿Qué es y será la muerte? ¿Cómo y cuándo vendrá la mía? ¿La reconoceré tiempos anteriores, momentos antes o será de golpe? Sólo supe y acepté que la muerte rondaba y cerca; quise asumirla como tal sin imaginar qué podría ser.

Más tarde me sumergí en Internet buscando información, era primeriza en cáncer y en el de mama. Sumé mucho porque sabía poco. Imprimí esquemas mamarios, textos de cirugías, diversidad de tratamientos, relaciones entre cánceres, entre tantos. Opté por contar con cierto conocimiento antes de entrar en tema con médicos.

Varias veces intenté aprender el Go, juego de origen chino basado en movimientos estratégicos, antecesor del ajedrez clasista y mucho más antiguo; tengo un libro que comienzo y dejo, las prioridades eran, aún son, siempre otras. Como no consigo el tablero y las piedras, dibujé uno, compré botones blancos y negros, y nada…, es un juego de dos y a nadie de mi entorno le interesa. Lo menciono porque de él adopté y adapté: no sólo hay que aprender qué es el cáncer, hay que entenderlo…, sentir muy adentro cada jugada suya e intuir por qué la hace adivinando lo que vendrá; palpitar junto a él, es una piedra viva no inerte; comprobar su existencia como parte propia; admitir que tiene un rol que cumplir; y hasta, ¿por qué no?, enamorarse algo del él… ¡de Deselegido! Supongo que fueron momentos similares a un embarazo, nunca tuve uno. No cambié, solo aprendí para entender….

Ese primer domingo dormí bastante. Hablé con amigas cercanas para contarles sobre Deselegido, ninguna lo podía creer, tampoco yo; entreví sentimientos similares: una mezcla de tristeza con esperanza más incredulidad. Luego me distraje con mis hábitos: jugué, aún juego, con las letras y los números… ¡me apasiono con ellos! Quise encontrar un nombre más corto y más completo, buena paradoja, para Deselegido. Y probando, probando opté por Lolo Intrus. Nombre derivado de lola, denominación común a las mamas de toda mujer; apellido Intrus, apócope de intruso por ser obvia la palabra completa. Así quedó: Lolo Intrus, alias Deselegido. Estaba lista para ir al médico gineco cirujano el día siguiente con Lolo y sin Maya.

Este gineco resultó ser un dulce de leche muy experimentado, lo nombraré DdL. Estuvimos más de una hora, habló de este cáncer y de todas las alternativas existentes; e indicó infinidad de otros estudios básicos y complementarios, más los previos a toda cirugía. Al no invitado lo presenté como imaginé: nombre, apellido y apodo. También apareció en escena mi diosa gata; él es amante de los perros. Luego de diez días volví con todos los resultados; otra charla por mucho tiempo en la que optamos por una mastectomía total izquierda, no parcial, porque surgieron dos tumores más en la misma, en la resonancia magnética solicitada y con biopsias malas. Fijamos lugar y fecha de operación: 15 de noviembre de 2017, tendría 68 años y medio años exactos, esos me nacieron el 15 de mayo de 1949. Todo esto lo hice sola, con un uso intenso de mi agenda, llamadas entre pocos amigos, charlando y mimándome con el trío todas las noches. Solicité licencia en mi trabajo como docente universitaria y no volví hasta el año siguiente ¡Muchas gracias MEN! Ahora no puedo creer las fuerzas que tuve para hacer todo sola. Venía agotada por haber terminado y presentado ese último libro; no inicié otro porque fue imposible acordarlo con las autoridades. Si lo hubiera pactado, quizá no podría contar lo que cuento, quizá tendría otro final….

 Una madrugada soñé que escribía un texto, al despertar lo reproduje, era algo como: No sólo debo aceptar a Lolo, debo aceptar y aprender a convivir… él es crónico, vino para quedarse… puede aparecer y desaparecer sin permiso… sin mi permiso y en mi cuerpo… mi cuerpo es sólo mío, es el contenedor de mi vida y mi vida es sólo mía… mi vida es mía en mi cuerpo… mi vida es mía en mi cuerpo y con mi Lolo… mi querido Lolo… mi amado Lolo…. Luego pensé: ¿me lo habrá dictado él?

En fecha y hora indicada, entré al quirófano, me entraron. Fui operada. Salí, me salieron y llevaron a una habitación donde había demasiadas personas. No sabía qué había pasado en esa sala plena de misterios hasta que apareció DdL junto a ExPSI: todo muy bien, sacamos la mama completa, llegamos hasta los ganglios de la axila y están limpios, perfectamente limpios, por lo que te felicito ¡te has salvado! En mi borrachera anestésica dije: ¿Me felicitas porque me robaste una lola? ¡A Lolo jamás se toca! ¿Volviste a ponerme ese ganglio azul y bueno? ¡Lo quiero conmigo, nunca tuve algo azul…! Escuché risas que me dieron bronca y pasó al sentir un gran beso de mi DdL en la frente. Esto me lo contaron, no lo recuerdo con tanta claridad.

Varias amigas pasaron por mi habitación, una se quedó toda la noche porque no podía quedarme sola, según dijeron ¡Muchas gracias VZ! A la mañana siguiente sentí que todo había sido un sueño, estaba perfecta, tengo gran tolerancia a la anestesia. Me levanté y quise volver a mi departamento, a mi trío, a mis amores de los últimos tiempos. Convencí a médicos y enfermeras que estaba bien, que no soportaba las clínicas, que podía moverme por mí misma en todo sentido, bailé y giré por todas partes, demostré que todo había terminado. Quería mostrarle a Maya un nuevo juguete y charlar con Lolo sobre cómo fue tratado. Ambos temas no los compartí con nadie por temor a que me dejaran encerrada, quizá en otra parte. Me dieron el alta. Me vestí, tenía una faja, y la amiga que me llevó el día anterior quiso traerme al departamento donde se quedó conmigo; luego llegó mi cuñada y mi querida sobrina ¡Muchas gracias MEL! Pronto dije que quería estar sola, se fue una a una… y volví al nido, esos dos esperaban para reacomodar este trío ¡Algo había pasado!

Nos divertimos con la reacción de Mayita. No podía separarse de mí, de mi cuerpo que olía y olía y volvía a oler, ¡olía sangre!, luego dijo DdL. Al principio le mostré la bocha del drenaje para que saciara su curiosidad, le encantó su nuevo juguetito y lo trató rebien. Le pedí una de sus pelotitas para ejercitar los músculos del brazo izquierdo y aceptó darme una. Lolo miraba y jugueteaba con nosotras. Esos pocos días fueron hermosos, muy íntimos en nuestro nido, salvo cierta dosis de ansiedad que acechaba por la incertidumbre. Mis amigos llamaban, otros volvían por poco tiempo. Tomé coraje y salí al día siguiente, caminé poco. DdL me indicó dieta sana y autorización para volver lento a mis deportes, en poco tiempo más.

A los cinco días espié parte de mi herida: ¡una barbaridad! Y tuve el único desborde significativo. Me subestimé y autodiscriminé por ser cancerosa, no quería serlo porque nadie quiere a un canceroso, quería volver a ser la de antes, como era antes de todo esto, que era puro teatro para probar mis fuerzas, y estaba bien, ¡basta, basta! le grité a ExPSI por teléfono. Me dejó gritar y llorar todo lo que quise hasta que paré y colgamos…. Volví a mi nido protector donde Mayi estaba asustada por mis alaridos, poco a poco fue acercándose hasta que se echó a mi lado; Lolo susurraba sonidos relajantes….

¡Llegó la sacada del vendaje! Una exposición completa de lo sucedido; todo descubierto para mí y el mundo, hechos reales, no más juegos de palabras…. ExPSI me acompañó, conoce los momentos cruciales de este proceso. Lo hizo DdL con toda su ternura. Les pedí un espejo y él sacó uno grande que usa para estos casos, supongo. Lo puso muy cerca y sólo vi el inicio de la cicatriz; lo tomé entre mi manos y dije ¡acá manejo yo! Lo fui alejando, a la par que puteaba, hasta ver completa su obra de arte. Creo que jamás he puteado como esa vez. No lloré, solo sentí repugnancia por todo y todos. DdL me explicó tiernamente que la cicatriz era alta porque los tumores estaban muy arriba y desde la mitad de mi cuerpo, igual lo insulté. Me puso una toallita y la faja, me autorizó a bañarme completa, como todo ser normal ¡Volvería a ser la de antes…! Llegué sola al departamento y me arrojé en la cama nido, ¡otra vez al trío…! Les mostré y conté todo. Me levanté por dos cosas urgentes: primero, tomé una tibia y larga ducha sanadora; luego, con hilo de algodón anudado en una punta ya preparado, medí la cicatriz: una línea continua de 29,5 cm ¿Qué puede hacer una arquitecta, lo soy, ante esta situación? Sólo medir y buscar el patrón geométrico utilizado para hacer semejante tajo. Volví a putear a DdL porque no encontré ninguna de las reglas clásicas conocidas; archivé el resultado, y pasó.

Llegó una biopsia con resultados totalmente esperados por DdL y volvió a pedir otra de lo mismo, según mi cabal ignorancia. Con esta nueva podrían decidir el tratamiento a seguir. Igual me envió a un médico oncólogo, un joven no tan dulce de leche, a quien nombraré NDdL para diferenciarlos. Acepté que los médicos se ocuparan de las biopsias y rebiopsias y las reputas biopsias que quisieran…. Mientras, seguiría con mis amiguitos rearmando una nueva zona de confort, caminando por el pasto urbano, dejando salir lo que mordía mis entrañas. Recordé: entre las dificultades se esconde la solución… ¡a buscarla!

En otra caminata apareció un nuevo tema: la lola que no tenía y yo. Busqué corpiños aptos para recibir un solo relleno, rellenos sueltos y armados  ¡Todo esto es ridículo! Y seguí decretando: aunque las lolas sean el símbolo más femenino del cuerpo ¡No disimularé lo que pasó y simularé lo que no pasó! ¡Yo no tapo nada, menos un regalo de Lolo! Soy y seré asimétrica, ¡jamás incompleta! , luzco y luciré un magnífico tatuaje mientras lento vaya diluyéndose…. Lo decidí antes y lo mantengo. Aunque suene paradójico, Lolo fue y es mi maestro en el arte de vivir; y refuerzo mi posición con el eterno A. de Saint-Exupéry al decir: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Llegaron los resultados de las otras biopsias de biopsias y rebiopsias y reputas biopsias. Me alejaba de DdL y pasaba a manos de NDdL. Éste interpretó números, sustantivos y adjetivos incomprensibles, tradujo: haremos tratamiento hormonal, nada de quimio ni rayos porque los bordes están limpios y porque… ¡Sólo NDdL y DdL lo saben!  Es una pastilla diaria durante cinco años más controles cada tantos meses… ¡Vos estás chifle! ¡En cinco años yo hago millones de cosas más interesantes que tomar una pastillita por día! Y comenzaron los roces con NDdL ¡Nunca mejor puesto su nombre! Aflojé algo y pregunté para qué son esas pastillas…, curan y previenen el cáncer ¡Ajá!, contesté pensando ¡cinco años…!

Comencé el tratamiento hormonal el 1 de enero de 2018, elegí esa fecha para recordar mejor el tiempo pasado con esas malnacidas pastillas. Los primeros 10 días fueron terroríficos: insoportables dolores de cabeza, panza revuelta, repugnancia por todo, depresión al atardecer, constipación y diarrea, asco a las carnes rojas, entre otras tantas. Acoto que el 31 de diciembre cené con mi familia una parrillada, me cayó muy mal y desde ahí mi cuerpo rechazó las carnes rojas…, las pastillas ayudaron aunque creo que la causa principal fue esa mezcla de toxicidades. También decidí comenzar una dieta sana y saludable, quizá más compleja que la sugerida por DdL. Años antes había eliminado la sal común y el azúcar de mis comidas, quedaba la harina refinada: los tres venenos blancos, según leí. Y probé dejarla junto a tantos cambios que continuarían, pensé que uno más no costaría tanto, y tenía 15 kg de sobrepeso. Armé mi propia dieta: mezcla de vegetariana y celíaca sin llegar a extremos, todo según Internet. Bajé esos 15 kg en 10 meses con algo de deportes, caminatas y esta dieta; oscilo entre 59 y 61 kg, y lo mantengo ¡Mis amados números primos son perfectos! DdL y NDdL reconocieron que este peso ayudaba muchísimo en el resultado de los controles. Al comienzo fueron cada dos o tres meses, no recuerdo bien, y en el último ambos acordaron pasarlos a seis meses por estar perfectos en ese momento. Fui esta mañana, NDdL los postergó otros seis meses más por verme requete bien y ¡Ganó un retoque de su nombre…! pasó a llamarse Dulce de Leche 2, DdL2, ya que el 1 lo conserva el gineco, según orden de aparición ¡Recién en agosto volveré otra vez a lo mismo…! Antes de hoy, mi humor comenzó a mejorar mucho, muchísimo, igual que mi remendada autoestima; usé ropa que antes no podía, compré otra, opté definitivamente por las canas; continuo en peso, uso malla y tomo sol, peloteo tenis y nado, ando en bicicleta pero aun no podía leer, menos escribir. Al sentirme tan bien, me animé a alejarme casi definitivamente de esos ausentes, mi familia ¡Contacto Cero! Quizá fue al revés, quizá fue simultáneo. Poco importa.

Antes de estos momento, tuve roces con el de entonces NDdL en un par de consultas más…. Yo sostenía que el cáncer no se cura y por lo tanto ¡continuaba con mi cáncer…! ¿Cómo podía asegurar que estaba totalmente limpia, que no habría una vieja o nueva célula loca dando vueltas por ahí, buscando un lugar donde alojarse y jugar otros juegos? Quizá harto de mi persistencia y sus explicaciones, sugirió la alternativa de hacer psicoterapia con una psicóloga oncológica, siconco. Luego, en el último control dijo: ¡estas curada…, hoy! ¡Había domesticado a NDdL! Su sugerencia fue excelente y ella, la PSO, fue más que dulce de leche solo, venía con helados, cerezas y frutillas…. Trabajamos mucho, también con deberes para la casa, entre fines de mayo y diciembre de 2018: siete meses deliciosos, aun con sesiones duras y durísimas, hasta que dije ¡Ya está, es suficiente! ¡Quiero más libertad! ¡Nada de horarios ni obligaciones!, todo en total y mutuo acuerdo. Los objetivos iniciales estaban cumplidos. Ahora incursiono en yoga iyengar, conseguiré un monopatín, esperaré mi jubilación y ¡otras cosas esperan!

He saltado esto…. En julio o agosto, al iniciar una sesión, PSO me propuso una nueva técnica para mí: con ojos cerrados Quiso indagar qué pasaba con Lolo y me prendí. No quería deshacerme de él, de mi cáncer, de mis tumores malignos que ya no tenía y que podrían ser mortales ¿Era una especie de suicidio algo simulado con la enfermedad? Quizá sí, quizá no…. La cirugía lo replegó a mi mente, ¡el sitio más peligroso! Durante esa sesión giré el ángulo de observación y vi a Lolo del modo antes negado: comprendí su rol de ser mi pasaporte a la muerte. Era un extraño infame, canalla inquerible, un innombrable…. Simplifiqué el tema, era cuestión de liberarlo y liberarme, ¡libertad para ambos! Esa misma noche viajé a Córdoba por otro motivo y me prometí, a PSO también, dejar a Lolo en la Cañada, bellísimo ícono cordobés. Lo hice, lo abandoné a su suerte, lo desvanecí y hasta repudié su existencia; quizá fuera fuerte, quizá podría cuidarse, buscar nuevos refugios, o morir en el intento; ambos cumplimos roles, uno suyo y otro mío ¡Qué momento…, nos quisimos mucho, nos acompañábamos y de golpe todo cambió, se terminó! Fue y era necesario…. También admití que lo acepté tanto sabiendo el daño que me hacía porque a eso estuve acostumbrada, sabía hacerlo desde que me nacieron: quererlos, mendigar un amor sintiendo y conociendo lo mal que me trataban. Al mantener a Lolo conmigo, me sentía cancerosa, ¡era cancerosa!, y podría dar lástima para sentirme querida. Recurso siempre utilizado y que jamás dio buenos resultados por ser una estupidez muy cruel; perdía más que ganaba, por lo tanto ¡Fuera de mi vida! Con Lolo tuvimos una relación perversa; al desaparecer logré y logro aumentar ese goce de paz infinita, a un precio alto, ¡lo estoy pagando! El estrés comenzó a pasar, lento pasa y pasa a la par que comenzaron y continúan notables cambios no solo físicos sino en mis actitudes, los siento y percibo, mis amigos lo reiteran a diario y respondo: el sufrimiento nos fortalece. Al ser más libre, soy dueña de mi vida, sólo yo le doy y daré sentido junto a mi tierna Mayi. Lolo fue un mal necesario; estoy agradecida a su estar en mi ser ¡Adiós Lolo Intrus, alias Deselegido! Y aún no podía leer, menos escribir lo que antes escribía: incipientes relatos/cuentos nunca terminados, sin ni editar menos publicar ¿Qué faltaba?

 

Desde la aparición de Lolo camino muchas veces, trayectos algo cortos; siempre en espacios verdes o casi verdes. Tomo la calle cuando me siento confundida o depresiva, regreso renovada. En estas caminatas todo está permitido: lloro a grito pelado, insulto a media humanidad, chillo lo que quiero, río hasta llorar, canto lo que me gusta, salto, correteo y hago piruetas, hablo con ciertas personas, recojo piedras que hablan y charlamos, entre tantas otras …. En esas salidas me permito caer, levantar y seguir. Lo metaforizo así: estoy en una pileta muy profunda, me siento hundir, me hundo, al tocar fondo tomo un impulso muy fuerte y, por rebote, resurjo ¡Resurjo nueva! La acepto como una constante, mi gran receta, creo que por ella aún vivo  Sólo me faltaba un impulso más fuerte para resurgir ¡No tengo tiempo para miedos, sólo para gozar y amar! Lento vuelvo a la lectura y escritura antes agazapadas, no perdidas ¡Puedo escribir lo que escribo…! ¡Este texto es muy buen estímulo para soltar y lanzar mi ser actual! Me aplaudo; mis médicos, psicólogas y amigos también lo hacen, sólo Mayi está celosa por tenerme menos tiempo….

Por último, un temazo reapareció cuando me pregunté y le pregunté a PSO ¿por qué y para qué se vive y muere? Leí sobre el tema y ordené; no pude con tanto material, lo reduje a mis clásicos escritores preferidos, ahora referentes: Cortázar, Pizarnik, algo de Borges, Lispector, entre otros; a la par devoré a Viktor Frankl. Busqué hasta encontrar el sentido de la muerte en ellos como antecedente del mío. Llegué a respuestas sólo mías. Quizá cada persona debería responderlas en algún momento según sus circunstancias, nadie podría refutarlas con experiencias propias…. Reitero, es sólo mi posición, de nadie más, la mía y en estos momentos. No podré elegir el modo ni tiempo de morir, sí podré optar el cómo vivir hasta que ella confirme el final. Confieso que cuando logré redondear una idea sobre este tema tan escabroso, último deber para PSO, creció esa paz indescriptible, única, y sublime que sentía y siento. Nada es eterno; todo lo que inicia, termina.  Mi miedo a morir disminuyó al asumir la muerte como una cuestión de necesidad….

¡Buena vida con mucho amor del bueno!

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