Clarina

Pensar que las palabras son sólo una reunión de letras, es pensar la  vida en forma lineal, demasiado literal. Cada palabra que se dice,  que se escucha, tiene adentro emociones, circunstancias, colores, sabores…No viven despojadas de sensaciones, producen impactos y dejan huellas….

Guardo en mi memoria aquellas palabras que fui escuchando, leyendo, que fueron sonando en mis oídos, gravándose en mi retina, en el tiempo del cáncer….

Recuerdo claramente el primer llamado de alerta “Sra. usted debería venir a buscar su mamografía”. Un calor inundó mi cuerpo al escuchar esa voz, me debo haber puesto pálida, porque el muchacho de la casa de materiales de construcción que me estaba vendiendo hierro del ocho, me preguntó “ le pasa algo?”.

No eran sólo palabras que sonaban a través de un celular, eran palabras que sonaban en el  cuerpo, en el alma….  En un segundo mi vida  se llenó de preguntas…

Con la mamografía en la mano pasé por el consultorio de quien hoy es mi ex ginecóloga. Miró  las imágenes y  me dijo “Ellos abren el paragua por si llueve” (en clara alusión a la persona que me había llamado para que vaya a buscar mi estudio) y continuó “… pero por las dudas te voy a indicar una punción” Las palabras de mi ex ginecóloga me tranquilizaron, parecía que la cosa no era tan grave.  Tenía un viaje programado   a Buenos Aires  para unos diez días más adelante. Vivo en la Patagonia. Busqué el teléfono de un centro médico en esa ciudad y pregunté por un mastólogo (una palabra nueva….y todas las que me faltarían aprender), me dieron varios nombres y me quede con el que tenía turno para la fecha en que yo viajaba.

Sentada frente al médico, le extendí la mamografía, me sentía nerviosa e intranquila,  la miró y sus palabras empezaron a sonar. Por suerte Lara, mi hija mayor, que en ese momento vivía en Buenos Aires, me había acompañado. Digo por suerte, porque las palabras nuevas, fuertes, pesadas, se sienten un poco más suaves, livianas y se  entienden mejor cuando hay varios oídos que las escuchan. Estando solo se corre el riesgo de escuchar lo que uno quiere….. El mastólogo me  miraba y me decía:   “las imágenes le dan un porcentaje alto de posibilidades de…”, “vamos a esperar el resultado de la punción”, “mañana es el turno”, “ la punción consiste en…”. Palabras sueltas, concatenadas, que forman frases,  se agigantan y te envuelven.

Me hice la punción el día 30 de agosto de 2017. Con todas esas palabras y a la espera del resultado, tomé un avión y volví a casa. Qué difícil es la espera de los resultados…. En casa me esperaba mi amor, mi compañero, le dije “el médico ya me adelantó, que…”. Las Palabras de F.C. (mi amoroso médico) sonaban todo el tiempo en mi cabeza. Trabajaba y esperaba el resultado, caminaba y esperaba el resultado, iba a Yoga y esperaba el resultado. Me acostaba y esperaba el resultado. Mi vida se transformó en una espera.

Con F.C., habíamos intercambiado las direcciones de correo electrónico y esa seria nuestro medio de comunicación. Habíamos acordado que cuando subieran   el resultado de la biopsia a mi portal, me comunicaría con él para informarle.  Se aproximaba la fecha. Salía rápido de trabajar y llegaba a casa a prender la compu y mirar mi portal. El día viernes 22 de septiembre de 2017, el resultado fue subido a mi portal. Leí, diagnóstico: carcinoma lobulillar infiltrante.  Mierda, que palabritas…No tuve dudas, era cáncer.  Le escribí a mi médico, quien inmediatamente me contestó, siempre me contesta enseguida. Me dijo “no estoy en el Hospital, el lunes lo miro y te escribo”. Qué fin de semana más difícil. No encuentro palabras que puedan describirlo. Con Carli, mi esposo, acordamos no “googlear” y ese acuerdo lo seguimos manteniendo. Una forma de preservarse…. de sólo obtener información certera a través de la palabra del médico.

El día lunes 25 de septiembre de 2017, F.C. me escribió: “ la biopsia confirmó que se trata de un cáncer de mama (afortunadamente con características de pronóstico favorable). El paso siguiente es programar una cirugía….” Me las estaba diciendo a mí, las palabras las tenía en el cuerpo, más precisamente en la mama izquierda (tocate la teta izquierda, dicen los cabuleros).

Sonaban distantes, pero eran para mí. La repetía, las leía y  lentamente las fui entendiendo y escuchando mejor. A veces sonaban en mi vida como un grito desgarrador, otras veces como una mansedumbre de sabiduría, mezcla rara de vulnerabilidad y fortaleza.

Tendría que aceptar el diagnóstico, incorporarlo y enfrentarlo. A veces lo escuchaba en un rincón temblando de miedo, otras veces con fuerza para conquistarlo.

Tomé las palabras: “…pronóstico favorable…” y  fueron mi fortaleza, mi bandera y mi respuesta a todas las preguntas. Que buenas palabras, que esperanzadoras palabras.

El día 19 de octubre, día mundial de la lucha contra el cáncer de mama, me operé por primera vez. Palabras nuevas a incorporar: “marcación tumoral”, “tejidos aledaños”, “ganglio centinela”.

Me recuperé y volví a casa. Otra vez había que esperar un resultado. Otra vez debería ejercitar la paciencia. Miré para adentro y le di mi mano a Dios. Miré hacia afuera y vi las manos extendidas de mucha gente querida.  El padre nuestro y el avemaría, me acompañaron en  cada noche, en cada momento difícil. Repetir esas oraciones me provocaba  calma. Las palabras de mi familia, también fueron mi bastión.

El   resultado de la biopsia de la operación  no se sube  al portal personal, sino al portal del médico. Nuevamente acordé con F.C. que le recordaría cuando se cumplieran 10 días hábiles de la operación, tiempo aproximado en que tardarían en subir los nuevos resultados a su portal. El día jueves 2 de noviembre de 2017, era la fecha. Le escribí a F.C. y él me contestó: “está tu resultado. Se trata de una enfermedad multicéntrica por lo cual tu tratamiento quirúrgico debe continuar. Vos podrías venir la semana que viene y conversamos?”

“…tu tratamiento quirúrgico debe continuar…”. Esas palabras me aturdieron. Estaba segura que mi cáncer se terminaba en la primera operación, pero me había equivocado. En ese momento, ese día, tuve la percepción de que las cosas podían ser más complicadas de lo que había pensado.

Siempre me había sentido sana, pero cuando supe que mi proceso quirúrgico debía continuar, me di cuenta que los límites del cáncer son insospechados y que no hay seguridades en este camino.

El lunes 6 de noviembre de 2017 aprendí tantas palabras nuevas, que de sólo recordarlas me turbo.

Recuerdo estar sentada frente a F.C.. De un lado Carli y del otro Lara y escuchar palabras como: “ampliar el margen de tejidos  aledaños y volver a biopsiar” “sacar el ramillete de ganglios, porque el centinela estaba perforado” “metástasis”, “mastectomía” y “expansor”. Tenía que tomar una decisión: sacar más tejidos, con el riesgo de que hubiera que someterse a una tercera operación o hacer una mastectomía. Entre miradas contenedoras y manos que me sostenían, mi familia y el médico me ayudaron a  tomar la decisión: me sacaría la mama izquierda y todos los ganglios de ese brazo. Una decisión absolutamente pesada. Me quedaría sin una mama…y después?, se termina?….no se sabe….paso a paso, día a día. No hay certezas, esto es la vida….

Casi sin darme cuenta me encontré sentada frente al cirujano plástico, quien me explicaba que en la misma cirugía en que hacían la mastectomía, me colocaban un expansor, para mantener los músculos en forma y   más adelante poder  poner una “protesis”.

El día 23 de noviembre de 2017, un día después de cumplir 52 años, me operé. Esa noche en la habitación del hospital, me desperté y a pesar de los calmantes y del tranquilizante  que me habían dado, me desvele. Con mi mano hábil, haciendo un esfuerzo muy grande, estire el brazo, agarre mi celular, me puse a llorar  y escribí una poesía…..

Ella se fue.
Estuvimos juntas 52 años.
La vi crecer
En nuestra juventud, se bronceo libremente y sin tapujos en playas europeas.
Alimento a Lara, Guillermina y Juan. Alguna que otra vez a Maira.
Tuvimos hermosos momento de placer.
La lucí orgullosa en mis escotes.
Ya no está.
Vendrá otra. Distinta. Renovada
Bienvenida!

La recuperación de esta operación fue más larga y dolorosa. Aprendí varias palabras nuevas, entre ellas  “drenaje”, tenía dos.   Mis hijas, Lara y Guillermina, mujeres jóvenes, pero fuertes,  me sostuvieron y cuidaron. Limpiaban el departamento, cocinaban, controlaban el drenaje, me acompañaban a las curaciones.  Juan,  a pesar de sus escasos doce años, puso en palabras su amor y contención, me hacía reír y me abrazaba. Carli, me daba la mano, me secaba las lágrimas y siempre tenía para mí palabras alentadoras. Toda mi familia me cuidó.

Me fui recuperando de a poco y volví a casa. Era verano, vivo a la orilla del mar. Amo el agua, amo el calor y me gusta nadar  Fue un verano raro…mi brazo izquierdo había perdido mucha movilidad, toda esa zona me dolía,  el expansor me molestaba, sentía miedo, la incertidumbre  era la única verdad de  mis días….Demasiadas cosas….. Busque herramientas que me ayudaran a transitar el camino. Comencé terapia, hice reiki, me puse la maya y, si bien no pude nadar,  todas las mañanas de sol, camine con el agua hasta la cintura por la hermosa playa de mi querido Puerto Madryn. Mire hacia el mar infinito y  le sonreí al horizonte azul.

Mientras tanto esperaba el resultado de mi nueva biopsia. Me estaba acostumbrado a esperar. Por fin llegó, aprendí una  palabra nueva: “oncotype”, eso era bueno. Me recomendaban hacer ese  estudio, para definir con más certeza el tratamiento a seguir. Seguí esperando y en febrero del año 2018, el médico me dijo vamos a seguir con “hormonoterapia”,  el resultado del oncotype  dice que la “recidiva” (otra palabra nueva),  es decir, el porcentaje de  riesgo de volver a contraer la enfermedad, es igual haciendo quimioterapia u hormonoterapia, entonces vamos por la menos invasiva. Así estoy hoy, tomo una pastilla todos los días  y me hago  controles cada cuatro meses.

En abril de 2018, me puse la prótesis, mi hermana Laura me cuidó. Se quedó en Buenos Aires conmigo, casi un mes. Volvimos a vivir juntas después de más de treinta años de no hacerlo. Nos divertimos, salimos a pasear, fuimos al cine, descubrimos la ciudad. A pesar de las circunstancias, fue un buen reencuentro….

Las palabras sonaron y siguen sonando. Palabras que  ayudan…“te quiero”, “hoy no drenó tanto”, “mami, que linda que estas”, “tomamos un vinito”, “vamos al cine”, “te abrazo fuerte”, “yo te cuido”… “padre nuestro que estas en cielo….”, “dame la mano”. “no te preocupes por Juan, yo le ayudo a estudiar”. Palabras que florecen en el corazón, contenedoras, simples, amorosas, sentidas…

Palabras amigas, palabras que ríen, acompañan y lloran. Palabras que sanan….palabras de  mi compañero,  palabras de hijos, palabras de  hermanas…de amigas/hermanas, de hermano/cuñado, palabras  profesionales….Palabras que acarician…..

También escuché y escucho palabras tontas, inútiles, intrascendentes, opacas, grises. Palabras que encierran recetas milagrosas para el cáncer…. Palabras  que  dicen las personas que te preguntan si te hacías los controles como corresponde….ellas esperan una respuesta que las tranquilice, que las ayude a pensar que si se hacen los chequeos anuales va a estar todo bien…. Palabras/personas que  buscan una causa a tu cáncer. Estabas estresada? Te habrán bajado las defensas por algo? Tenías mucho trabajo?, etc, etc. Entonces uno, que se está levantando como puede,  empieza a buscar causas, a sentirse culpable de su propia enfermedad. Palabras que  no ayudan en nada. El cáncer es una  enfermedad multicausal y lo que menos  se necesita,  en el momento en que estas juntando fuerzas para rearmarte, es gastar energía en búsqueda de causas. Tal vez, cuando pase la tormenta, cuando llegue la calma, cuando el crecimiento empiece a florecer, uno podrá revisar para seguir creciendo……Mejor  que guarden silencio.

Hay palabras sabias, palabras con imágenes. Recuerdo las palabras de la psicóloga: “cuando a uno le diagnostican cáncer es como si estuvieras parado en la punta de una alfombra y viene alguien y desde la otra punta le da un tirón y te caes”. Buenísimas palabras que representan lo que el cáncer significa para una persona. Caído, hay que empezar a levantarse, pasado el cimbronazo y el golpe, hay que empezar a mover lentamente el dolorido cuerpo y volver a pararse.

Personas, lecturas, imágenes, frases,  que  te exigen ser positivo, estar bien, ser fuerte, justamente cuando el dolor y la angustia te invaden. A los sentimientos hay que transitarlos, ponerlos en palabras y sentirlos.  Así, la gente que te quiere bien, te va a abrazar, te va a escuchar, te va a consolar, te va “ahijar” sin exigirte felicidad en momentos de dificultad. Con paciencia y con ayuda, las heridas empiezan a cicatrizar y las tristezas a marcharse.

De a poco, la palabra cáncer comienza a sonar como un aprendizaje, un crecimiento, una transformación y duele un poco menos.

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